900 kilómetros de ilusiones (Agosto 2007)
Casualidad es como le llaman los que no quieren creer en el destino y yo ya no sé si creer en las casualidades.
Después de esta última semana, cuando parecía que todo estaba ya perdido, los sueños, las promesas, la alegría... un saludo de dos palabras me lo devuelve todo. Y es mucha casualidad encontrar a tu alma gemela y más si no la estás buscando.
Alma gemela.
El alma, la esencia de cada uno, como una gota formada con la mezcla de miles de perfumes que nunca va a tener un aroma igual al de ninguna otra, el alma te ordena seguirla y tú, simplemente, no puedes desobedecer. Otra vez me fío de una corazonada, y me suele ir bien, excepto que esta vez la gota que tiene un aroma parecido, está lejos.
Y entonces digo: es un espíritu como otros tantos que pueden estar cerca, y me intento convencer de que es un antojo y un nuevo intento de búsqueda de felicidad que volverá a verse frustrado, pero luego me doy cuenta de que uno no puede engañarse a sí mismo, y un angelito en mi hombro me susurra que por éste hay que luchar un poco más, y piensas que si su alma también tiene un angelito bueno que le lleve hacia ti, merecerá la pena.
Y parece que sí la merece porque dos días antes estabas soñando con sus palabras sin saber que pensabas en él,
y piensas que ojalá ésta sea la buena porque ya te toca, porque más oportunidades no tienes ganas de dar,
pero el demonio del hombro no quiere que te encariñes ahora porque lo vas a pasar mal.
Y todo ocurre en cinco días, los mismos que faltan para encontrarse las dos almas que ahora como dos gemelos sienten el mismo dolor.
Son 900 kilómetros los que nos separan, y por medio no hay ningún océano, sólo ilusiones.
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